TÍBET
Kumbum: la gran estupa del budismo tibetano.
Cien mil imágenes hacia la iluminación
Dentro del recinto monástico de Pelkor Chöde, la silueta escalonada del Kumbum se eleva sobre Gyantse como una de las construcciones más singulares del budismo tibetano. Su nombre procede de la expresión tibetana sku ’bum, que puede traducirse como «cien mil imágenes sagradas», una referencia simbólica a la extraordinaria cantidad de budas, bodhisattvas, maestros y divinidades representados en sus capillas y murales.

Texto y fotos: Guillermo Cachero
El edificio no se asemeja fácilmente a ningún otro monumento religioso de Asia. Su estructura octogonal asciende en forma de pirámide escalonada hasta alcanzar aproximadamente 35 metros de altura. Los diferentes niveles disminuyen progresivamente a medida que se elevan y culminan en una gran cúpula dorada que resplandece sobre los muros blancos del conjunto.
La construcción comenzó durante la primera mitad del siglo XV por iniciativa de los gobernantes de Gyantse. Los estudios actuales sitúan su desarrollo aproximadamente entre 1427 y 1442, en una época de extraordinaria creatividad religiosa y artística en la región de Tsang.
El Kumbum contiene 77 capillas distribuidas a lo largo de sus distintos niveles. En su interior se conservan miles de pinturas murales, esculturas y representaciones religiosas. Muchas de las obras muestran influencias artísticas tibetanas, nepalesas —especialmente de la tradición newar— y chinas, reflejo de los intercambios culturales que atravesaron el Himalaya durante siglos.
Ascender por el interior del Kumbum significa recorrer un universo de imágenes. Las estrechas escaleras conducen de una capilla a otra, mientras las paredes aparecen cubiertas por budas, bodhisattvas, protectores, maestros y complejas representaciones simbólicas. Cada nivel introduce al peregrino en una nueva dimensión espiritual y lo aproxima progresivamente a la parte más elevada del monumento.

El Kumbum no es únicamente una gran estupa formada por templos y capillas. Su arquitectura representa un mandala tridimensional, una interpretación simbólica del universo según la tradición budista. El recorrido ascendente permite al devoto avanzar físicamente por una representación del camino espiritual: desde el mundo terrenal y las primeras enseñanzas hasta los niveles superiores del conocimiento y la iluminación.
En los mandalas tradicionales, el círculo y el cuadrado representan diferentes dimensiones del cosmos y de la conciencia. En Gyantse, esa imagen deja de ser una pintura para convertirse en arquitectura. El peregrino no se limita a contemplar el mandala: entra en él, recorre sus capillas y asciende a través de su universo simbólico.Durante todo el día, numerosos fieles realizan la kora alrededor del conjunto. Caminan en el sentido de las agujas del reloj, hacen girar sus ruedas de oración y recitan uno de los mantras más conocidos del budismo tibetano:Om mani padme hum.Cada vuelta constituye una forma de oración y meditación.
El movimiento de los peregrinos, el sonido de los mantras y el giro constante de las ruedas convierten el espacio que rodea el Kumbum en una prolongación viva del monumento.Más de cinco siglos después de su construcción, el Kumbum continúa siendo uno de los ejemplos mejor conservados de este tipo de arquitectura religiosa. Sus miles de imágenes no forman únicamente un extraordinario patrimonio artístico: representan un camino espiritual que el peregrino puede recorrer, nivel tras nivel, hasta aproximarse simbólicamente a la iluminación.

Son muchos los fieles que realizan la kora, recorriendo el templo en el sentido de las agujas del reloj mientras meditan y hacen girar sus ruedas de oración. A cada paso recitan incesantemente el mantra «Om mani peme hung», acompañando sus plegarias con el movimiento de las ruedas y el lento discurrir de las cuentas entre sus manos.

El Kumbum es un mándala tridimensional, una representación del universo budista, interpretado por un círculo dentro de un cuadrado. Esto permite al devoto participar en la percepción budista del universo y puede mostrar el camino a través de él, un muy poderoso símbolo budista.
MONASTERIO DE PELKOR CHÖDE
El encuentro de las tradiciones budistas

Junto al Kumbum se encuentra el monasterio de Pelkor Chöde, conocido también como Palcho o Baiju. Ambos forman un conjunto inseparable y uno de los complejos religiosos más importantes de Gyantse.
El monasterio comenzó a construirse a comienzos del siglo XV, bajo el patrocinio de los gobernantes locales. Su arquitectura conserva las características de los grandes centros religiosos tibetanos de aquel periodo y reúne templos, patios, salas de oración, capillas y antiguos espacios dedicados al estudio monástico.
Una de las características más singulares de Pelkor Chöde fue la convivencia dentro de su recinto de comunidades pertenecientes a diferentes escuelas del budismo tibetano. Tradiciones como la Sakya, la Gelug y otras corrientes históricas establecieron aquí sus propios colegios y espacios religiosos. Esta diversidad convirtió el monasterio en un lugar excepcional dentro del panorama monástico tibetano.
La convivencia no estuvo siempre exenta de rivalidades y desacuerdos. Cada escuela poseía sus propios maestros, enseñanzas y formas de organización. Sin embargo, el conjunto terminó convirtiéndose en un espacio compartido en el que diferentes tradiciones pudieron mantener sus particularidades dentro de un mismo recinto.
El edificio principal posee tres plantas. En la planta inferior se encuentra la gran sala de asambleas, sostenida por numerosas columnas y decorada con antiguas pinturas, tejidos religiosos y thangkas. Durante siglos, este espacio acogió las oraciones colectivas, las ceremonias y los debates de los monjes.

Entre sus principales imágenes destaca una monumental estatua de Buda Sakyamuni, de aproximadamente ocho metros de altura. A su alrededor se distribuyen capillas dedicadas a diferentes figuras del panteón budista y espacios que conservan antiguas pinturas murales.
En las plantas superiores se encuentran capillas dedicadas a Manjushri, el bodhisattva de la sabiduría, y a los arhats, discípulos que alcanzaron un elevado grado de realización espiritual. Las paredes y techos conservan numerosos murales, entre ellos representaciones de mandalas de gran complejidad.
El monasterio conserva también una importante colección de objetos religiosos y artísticos. Entre ellos se encuentran antiguos thangkas, esculturas, textos y vestimentas utilizadas en representaciones tradicionales. Algunas colecciones incluyen trajes de ópera tibetana elaborados con sedas, bordados y tejidos asociados a los periodos de las dinastías Ming y Qing.

REVISTA OTROS DESTINOS
NÚMERO 82
El monasterio de Kumbum constituye una de las grandes joyas del patrimonio religioso tibetano. Sin embargo, este es solo uno de los muchos lugares que forman parte del recorrido que realizamos por el Tíbet. En la edición completa de la revista encontrará el viaje íntegro, desde la frontera con Nepal hasta Lhasa, recorriendo Kodari, Lhatse, Shigatse, Gyantse, el barrio del Barkhor, el templo Jokhang y el majestuoso Palacio Potala, acompañado de decenas de fotografías y un amplio recorrido por la historia, la cultura y las tradiciones del pueblo tibetano.

























