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Bagan la ciudad de las pagodas

La ciudad de las 2500 pagodas, el rincón más sublime de Myanmar (Birmania).

Hace algunos años, una encuesta se llevó a cabo para determinar qué monumentos merecían ser considerados como una de las 7 maravillas modernas de la humanidad. Entre los nombrados estaban la Gran Muralla, el Taj Mahal, Petra, el Coliseo, Chichén Itzá, el Cristo Redentor y Machu Picchu. A pesar de la grandeza de estas maravillas, considero que se cometió un grave error al omitir a Bagan.

Textos y fotos: Guillermo Cachero

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Esta ciudad es verdaderamente única en el mundo, un lugar donde la construcción de más de 10,000 pagodas, templos y monasterios en un radio de 40 km, de los cuales hoy en día quedan alrededor de 2500, sería completamente imposible replicar. Su historia se remonta al siglo XI, cuando la dinastía Pagan, bajo el reinado del monarca Anawrahta, la convirtió en la capital del reino que posteriormente constituiría el Myanmar (Birmania)  moderno.

La prosperidad de Bagan creció con el tiempo, atrayendo incluso la atención del Kublai Kan, quien decidió invadir la ciudad. Sin embargo, la historia nos cuenta que el rey Pagano Narathihapati, monarca de la época, huyó despavorido ante la avanzada de las tropas enemigas. A pesar de los avatares a lo largo de los siglos, con invasiones mongolas y saqueadores en el siglo XX, Bagan ha resistido y, gracias a la UNESCO, ha sido reconstruida y designada como Patrimonio de la Humanidad desde 1975.

Durante el reinado de Anawrahta, el budismo theravada se expandió lentamente, convirtiéndose en la religión predominante. Aunque las prácticas animistas, tántricas, mahayana y brahmánicas persistieron en la sociedad, la construcción de templos, monasterios y pagodas fue financiada generosamente por los ricos, marcando así la esencia espiritual de Bagan.

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Desde lo alto, ya sea en uno de los globos que ofrecen una vista aérea única o desde la cima de uno de los templos, la experiencia visual de las miles de pagodas, algunas medio ocultas entre los árboles, iluminadas por los cálidos tonos naranja y amarillo del atardecer, es simplemente extraordinaria. Un espectáculo que, a pesar de la afluencia de visitantes, sigue siendo un rincón único en el mundo.

Caminar por el interior de Old Bagan revela la diversidad de las pagodas, algunas con ladrillos nuevos pero todas conservando su inmenso valor histórico. Recorrer este lugar requiere al menos tres días, ya que las distancias entre ellas son considerables. Alquilar una bicicleta es una excelente opción, aunque se debe tener precaución durante la temporada seca debido a las altas temperaturas y la sequedad del terreno. Alternativas como carros tirados por caballos o bicicarros también ofrecen un viaje pintoresco por las pagodas.

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Llegar a Bagan desde Mandalay, ya sea en barco exprés por el río Ayeyarwady o en autobús, ofrece una visión gradual de las pagodas a lo largo del río. El entorno refleja la pobreza extrema de las viviendas, una realidad común en esta parte de Asia. La vida transcurre en el agua, y la existencia de Bagan, tal como la conocemos hoy, se debe en gran medida a la intervención de la UNESCO, que tras el terremoto de 1975 remodeló los templos en lugar de demolerlos.

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Cada templo en Bagan alberga figuras únicas, desde Budas de madera de teca hasta imágenes cubiertas de oro. Old Bagan cuenta con al menos treinta templos y pagodas de gran importancia religiosa, con detalles significativos expresados a través de gestos como la vitarka y abhaya mudra.

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Bagan, con sus tonos de piedra, ladrillo, rojo, blanco, gris y dorado, entre el abandono y la superstición, crea una llanura verde y ocre donde el tiempo parece haberse detenido. Desde lo alto de un templo, las pagodas parecen emerger de un reino mítico, una obra de arte en cada estructura y una belleza esplendorosa en su conjunto.

La topografía de Bagan difiere significativamente de Mandalay, con abundantes cocoteros que sustentan la economía local. La tranquilidad del lugar se evidencia en los habitantes que, con carros y bueyes, transportan forraje, frutas y verduras a lo largo de caminos serenos y poco transitados. Dividida en tres zonas: Nyaung U, New Bagan y Old Bagan, la ciudad ofrece diversas experiencias arquitectónicas y culturales.

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Ananda Templo

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Entre los muchos templos que contiene Bagan, merece explicar la historia del majestuoso  Ananda Templo. Fue en el año 1105 que el rey Kyanzittha, impulsado por visiones divinas y el deseo ardiente de trascender lo ordinario, ordenó la construcción de este santuario de proporciones perfectas. Se dice que el Ananda marca el fin de una era y el amanecer de otra en la estilística de Bagan.

En el aniversario del noveno centenario de su erigimiento, en un acto de devoción sin igual, las torres del templo fueron doradas, un tributo resplandeciente a la magnificencia que emana desde sus antiguas piedras. Aun así, el resto del exterior permanece encalado, como un lienzo blanco esperando ser impregnado por la luz del sol.

Sin embargo, más allá de su esplendor físico, el Ananda Templo es portador de una leyenda que ha tejido su historia en los hilos de lo místico. Cuenta la antigua narración que ocho monjes, viajeros del Himalaya, llegaron un día al palacio del rey, con el misterio y la sabiduría impregnando cada fibra de su ser. Habían habitado en la cueva sagrada del templo Nandamula, donde la meditación y la contemplación los habían transformado en portadores de secretos cósmicos.

Fascinado por la historia de los monjes, el rey los invitó a revelarle los paisajes míticos de su hogar en el Himalaya. Con poderes de meditación que desafiaban la comprensión humana, los monjes mostraron al rey visiones de una belleza sobrenatural, donde la tierra y el cielo se abrazaban en una danza eterna.

Embebido por la majestuosidad de lo divino, el Rey Kyanzittha quedó prendado por el deseo de replicar aquel paisaje mítico en la vasta llanura de Bagan. Fue así como el Ananda Templo surgió de la tierra como un monumento a la trascendencia, un testimonio tangible del encuentro entre lo terrenal y lo celestial.

Pero la grandeza del Ananda Templo no se limita a su construcción física; su esencia reside en la ejecución magistral de su estilo, único y singular, que lo eleva por encima de todos los demás. En un gesto de devoción y para preservar la pureza de su visión, el rey Kyanzittha ordenó la ejecución de los arquitectos, asegurando que ningún otro templo se igualara al esplendor del Ananda.

Así perdura el Ananda Templo, en el corazón de Bagan, como un faro de luz en la oscuridad de los tiempos, un testamento a la eterna búsqueda de lo divino en lo mundano y la capacidad del hombre para alcanzar las más altas cimas de la creación.

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 Pagoda Shwezigon

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Un Icono Histórico de Bagan:

La majestuosa Pagoda Shwezigon, uno de los cuatro templos más trascendentales de la antigua ciudad de Bagan, se erige como un monumento imperecedero, testigo de la devoción y la grandeza de la historia birmana. Fue concebida como el santuario más significativo, un epicentro de plegarias y reflexiones auspiciado por el ilustre rey Anawarahta.

Ubicada entre los pueblos de Wetkyi y Nyaung U, esta hermosa pagoda, iniciada por Anawrahta, encontró su culminación durante el reinado del rey Kyanzittha (1084-1113). Cuando la noche cae y se ilumina entre los árboles, revela su espléndida belleza, sirviendo como faro espiritual en la oscuridad.

La construcción de este templo monumental tuvo un propósito sagrado: consagrar una de las cuatro réplicas del diente de Buda proveniente de Kandy, Sri Lanka. Estas otras tres réplicas se encuentran resguardadas en pagodas internas del mismo recinto de Bagan, consolidando así un vínculo espiritual que trasciende fronteras.

La Pagoda Shwezigon, con su distintiva forma de campana, se erigió como el prototipo para numerosas pagodas que se levantaron posteriormente en todo Myanmar. Imponente, la pagoda dorada se eleva en tres terrazas ascendentes, cada una contando la historia de las vidas pasadas de Buda a través de placas esmaltadas en sus paneles. Estas escenas, conocidas como los 550 Jatakas, envuelven el templo en una narrativa visual rica en significado espiritual.

En los puntos cardinales, frente a las majestuosas escaleras de la terraza, cuatro capillas se erigen como guardianes venerados. En su interior reposan cuatro imponentes estatuas de Buda de pie, cada una de cuatro metros de altura, encarnando la serenidad y la sabiduría del iluminado.

La Pagoda Shwezigon, con sus raíces sagradas y su esplendor arquitectónico, se erige como un faro cultural que ha resistido la prueba del tiempo. Su influencia se extiende más allá de sus paredes doradas, dejando un legado que ha modelado la arquitectura religiosa en toda Myanmar. Una joya en la corona de Bagan, la Pagoda Shwezigon continúa iluminando el camino de aquellos que buscan conectarse con lo divino en esta tierra de espiritualidad perdurable.

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