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HOSPITAL REYES  CATÓLICOS

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Las ruinas de San Ignacio Mini ofrecen a los visitantes una ventana a un pasado crucial en la historia de Paraguay y Argentina, una época en la que las misiones jesuitas representaron una síntesis de culturas y un esfuerzo por establecer una convivencia armoniosa.

Fundada en 1611, experimentó dos traslados consecutivos antes de establecerse en su ubicación actual en 1696. Se caracteriza por los impresionantes vestigios arquitectónicos que incluyen iglesias, la residencia de los padres y escuelas.

En los siglos XVI y XVII, la Compañía de Jesús asumió una misión evangelizadora en los dominios ultramarinos españoles. Esto culminó en la fundación de misiones jesuitas en países como China, India, México, Estados Unidos, Ecuador, Paraguay, Brasil, Uruguay y Argentina, siendo estas últimas especialmente significativas. Las reducciones jesuitas guaraníes a orillas de los ríos Paraná y Uruguay ejemplifican la confluencia entre las tradiciones indígenas y el impulso colonizador.

Casi la totalidad de estas reducciones fueron establecidas y gestionadas por los Jesuitas o los Franciscanos. Cronológicamente, las del Paraguay marcaron el comienzo de las reducciones en América del Sur.

La vida en estas reducciones se sustentaba en tres pilares fundamentales: viviendas uniformes que albergaban a familias aún unidas por lazos de parentesco, una agricultura llevada a cabo en forma comunitaria y el aprovechamiento colectivo tanto de productos agrícolas como ganaderos. La religión cristiana también desempeñaba un papel central, impregnando todas las actividades diarias y dotándolas de un carácter ceremonioso y espiritual.

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La lengua predominante en las misiones era el guaraní; no obstante, tras la expulsión de los Jesuitas, el castellano se impuso como idioma obligatorio y exclusivo. Sin embargo, la comunidad no se resignó a la pérdida de su lengua y cultura.

Las edificaciones de piedra, iniciadas en 1720 con la construcción de la iglesia, progresaron con el tiempo gracias a mejoras técnicas que continuaron hasta la expulsión de los Jesuitas en 1767.

La población alcanzó su apogeo en 1733, llegando a albergar a 4500 habitantes. Luego, hubo un declive marcado alrededor de 1740, seguido de un repunte hasta 3500 habitantes en 1768, el año en que los Jesuitas fueron forzados a abandonar las Misiones. Este suceso desencadenó el deterioro de los asentamientos, agravado por la guerra de las fronteras que arrasó los pueblos del territorio argentino entre 1816 y 1821.

Estas reducciones, conocidas como "La Reducción", congregaban a comunidades indígenas con el propósito de evangelizarlas. Esta institución tenía una dimensión tanto religiosa como sociocultural y no se limitó exclusivamente a la Provincia del Paraguay, sino que se extendió por las regiones periféricas del Imperio Español en América.

Los sacerdotes jesuitas iniciaron el proceso de evangelización en 1550. Su labor no solo abarcaba la difusión del evangelio, sino que también incluía enseñar a los indígenas técnicas agrícolas, hábitos laborales y organización social.

En los poblados, el cabildo, liderado por caciques, ejercía la máxima autoridad. Los sacerdotes desempeñaban funciones administrativas y espirituales, encargándose de aspectos económicos, culturales y sociales. Los guaraníes mantenían sus tradiciones y festividades, lo que permitió una fusión cultural sin renunciar a su religión.

Cada familia recibía una parcela de tierra, cuya explotación estaba supervisada por los jesuitas. Además, se establecieron talleres para enseñar a los guaraníes diversas habilidades, desde carpintería hasta tejeduría. Las misiones operaban bajo un sistema comunitario donde todos trabajaban y compartían equitativamente.

En todas las reducciones era común encontrar relojes de sol en las plazas principales.

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Después de fundar numerosas reducciones en Argentina, Paraguay, Brasil y Uruguay con gran éxito, las invasiones de los bandeirantes en 1627 desencadenaron un periodo de agitación. Estos bandeirantes eran portugueses que, desde el siglo XVI, exploraban el interior del continente americano partiendo de San Pablo de Piratininga. El nombre "bandeirantes" proviene de las banderas que usaban para identificarse. Eran considerados una suerte de piratas terrestres tanto por los indígenas como por las autoridades españolas. Para Brasil, en cambio, eran pioneros, ya que expandieron los límites de Brasil más allá de los establecidos por el Tratado de Tordesillas. Dado que São Paulo, en aquella época, estaba alejada de las rutas comerciales, su principal objetivo era esclavizar a los indígenas y venderlos en regiones dedicadas a la producción de azúcar.

Los Jesuitas se opusieron a los bandeirantes y entrenaron a los indígenas de las reducciones para defenderse. Los bandeirantes causaron una gran devastación, destruyendo nueve pueblos y capturando a 60.000 indígenas para 1631.

Los sobrevivientes se concentraron en las dos misiones que no habían sido atacadas: Loreto y San Ignacio Mini. San Ignacio Mini, cerca de Posadas y a unos 90 km de Puerto Iguazú, alberga las ruinas mejor conservadas y forma parte del circuito internacional de las misiones jesuitas.

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El acceso a las ruinas se realiza a través del museo, que exhibe una vivienda indígena de la época y una réplica de una embarcación como símbolo del descubrimiento. Además, hay estatuas de jesuitas que rinden homenaje a su papel central en las misiones. Una réplica en miniatura dentro del museo muestra cómo era la ciudad en la época de las misiones, acompañada de inscripciones que explican el impacto de la evangelización en los indígenas.

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Un mural en la entrada lleva la siguiente inscripción: "No siento mi ofensa ni la tuya, solo siento lo que estos recién llegados hacen a nuestra antigua identidad, lo que nos arrebata las costumbres de nuestros ancestros. ¿Acaso se nos ha dejado algún otro legado aparte de nuestra libertad? ¿No han compartido este valle y esta selva innumerables gentes que la rodean? Entonces, ¿por qué permitimos que nuestro ejemplo someta a nuestros indios y, peor aún, a nuestras futuras generaciones, a esta disfrazada servidumbre de las reducciones?"

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El Mural de la Vida Cotidiana: En la entrada de este tesoro histórico, unos carteles acompañados de pinturas en cerámica narran el ritmo de la vida de estas tribus. Desde el nacimiento hasta el casamiento y la muerte, cada aspecto de la existencia se ve plasmado en estos murales. Detalles sobre cómo se llevaban a cabo las bodas, a menudo con varios matrimonios en un solo día, y la juventud de los contrayentes, con maridos de apenas diecisiete años y esposas de quince, se despliegan ante los ojos de los curiosos visitantes.

Ritos Funerarios Inquebrantables: Los entierros, una parte integral de la vida en estas tribus, se describen con profundo respeto en las pinturas. Realizados al atardecer, los difuntos eran llevados a la iglesia en medio de cánticos y lamentos de las indias ancianas. Esta antigua costumbre, que los jesuitas intentaron abolir durante el tiempo que duraron las misiones, perduró a lo largo de los años, demostrando la tenacidad de las tradiciones indígenas.

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La Presencia de los Jesuitas: Dentro de las dependencias, maniquíes representan a los sacerdotes jesuitas. Con una larga cruz en una mano y el evangelio en la otra, estas figuras emanan una imagen que puede resultar inquietante. Si bien desconocemos si esa fue la intención, desde una perspectiva personal, esta representación no parece ser un homenaje.

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En 1768, los Jesuitas fueron expulsados de la región. La zona de las Cataratas cayó en el olvido, y las tierras circundantes atravesaron una historia marcada por transacciones de compra y venta. Resulta triste que después de superar las invasiones de los bandeirantes y lograr una relación fructífera y cercana con los indígenas, los Jesuitas tuvieran que abandonar las misiones tras su éxito.

El rey Carlos III de España firmó el Decreto de Expulsión en 1767, pero su ejecución se llevó a cabo en 1768. Las razones detrás de esta expulsión no son del todo claras, pero en una declaración del rey se menciona: "Gravísimas causas relativas a la obligación en que me hallo constituido de mantener en subordinación, tranquilidad y justicia mis pueblos, y otras urgentes, justas y necesarias que reservo en mi real ánimo; usando de la suprema autoridad económica que el Todopoderoso ha depositado en mis manos para la protección de mis vasallos y respeto de mi corona..."

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Los Jesuitas fueron expulsados no solo de América, sino también de todas sus misiones en el mundo. En el pasado, ya habían sido expulsados por portugueses y franceses. Aunque las razones son ambiguas, se relacionan con los numerosos conflictos en los que se vieron involucrados, especialmente debido a su defensa de la dignidad de los indígenas.

Las misiones representaron un enclave cerrado en el que los encomenderos españoles no podían expandir su dominio sobre tierras e indígenas. Los portugueses, que presionaban desde el este, no pudieron explotar la mano de obra indígena, y quienes tenían permisos para la cría de ganado en Buenos Aires y Santa Fe tampoco lograron apoderarse de los recursos ganaderos de la zona. Esto desencadenó la oposición de diversos enemigos y llevó a la corona a considerar a las misiones como un obstáculo a su poder.

Además, las misiones comenzaron a rivalizar con el sistema aristocrático, ya que promovían una organización comunitaria más equitativa. Esto inició un período de declive gradual. San Ignacio Mini sobrevivió hasta su parcial destrucción, junto a otros pueblos, durante las guerras de fronteras libradas por las tropas paraguayas. Así, se perdió lo que había comenzado en los siglos XVI y XVII a manos de la Compañía de Jesús.

En la actualidad, es posible visitar las ruinas de San Ignacio Mini, que fueron declaradas monumento histórico nacional el 17 de diciembre de 1943.

Llegar hasta las majestuosas Cataratas de Iguazú y omitir la visita a las enigmáticas ruinas de San Ignacio Mini podría considerarse un imperdonable desliz en la búsqueda de la historia y la cultura de Paraguay y Argentina. Este destino turístico no es solo un paseo por el pasado, sino una ventana al crisol de culturas, al choque de tradiciones y a la formación de lo que hoy conocemos como una nación.

La visita a San Ignacio Mini va más allá de ser un simple recorrido turístico; es un diálogo con el pasado. A medida que exploramos estas ruinas, surgen preguntas sobre cómo las misiones afectaron la vida de las tribus indígenas, cómo se adaptaron y resistieron. Invitándonos a reflexionar sobre el papel central de aquellos que intentaron "civilizar" y el choque inevitable de  culturas.

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