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España en flor (y en color): el viaje estacional que transforma el paisaje en destino
Hay un calendario que no figura en las agendas ni en los folletos convencionales: el calendario del color. En España, la naturaleza marca sus propias temporadas de viaje. Primero florece, luego madura, después enciende el otoño. Campos blancos, rosados o violetas dan paso a rojos intensos, ocres y dorados. Sobre esa idea se articula el Tour España de flor en flor, una propuesta turística que convierte los ciclos agrícolas y silvestres en rutas viajeras con identidad propia.
Impulsada por la red España en Floración —reconocida en FITUR como producto de turismo activo— la iniciativa conecta destinos donde la floración no es un simple espectáculo visual, sino una expresión del territorio: su economía, su cultura y su memoria rural.
Pero el viaje no termina cuando caen los pétalos. Continúa cuando el paisaje se vuelve cobre, vino y fuego.

Redacción
El despertar: almendros, frutales y azahar
El año viajero del color comienza pronto. En Murcia, los campos de Cieza despliegan la floración de los frutales de hueso como una pintura impresionista a gran escala. Melocotoneros, ciruelos y albaricoqueros convierten el valle en una sinfonía de tonos suaves que hoy se recorre mediante rutas señalizadas y visitas guiadas.
En Mula, los almendros dibujan una de las mayores extensiones floridas de Europa, mientras que el Valle de Ricote añade la dimensión invisible pero inolvidable del azahar, donde el perfume es parte esencial de la experiencia viajera.
También Aitona, en Lleida, ha ordenado y profesionalizado la visita a sus frutales en flor, transformando la campaña agrícola en recurso turístico sostenible.

El gran blanco: los cerezos:
Pocas imágenes tienen tanta fuerza como la del Valle del Jerte cubierto de blanco. La floración del cerezo en Extremadura es uno de los grandes espectáculos naturales de la península: bancales de montaña convertidos en nubes compactas de pétalos. Senderismo, miradores y fiestas locales acompañan una floración breve y precisa, que convierte la planificación del viaje en parte del ritual.En Castillo de Locubín, en Jaén, el cerezo ofrece su versión meridional, menos conocida pero igualmente expresiva.

El violeta del verano: lavandas y aromáticas:
Con la llegada del calor, el color cambia de registro. Brihuega se ha consolidado como capital de la lavanda, con una floración que trasciende lo paisajístico para convertirse en acontecimiento cultural: conciertos al atardecer, visitas técnicas y experiencias sensoriales.Otros enclaves como Tiedra o zonas de Moratalla refuerzan esta ruta aromática donde el paisaje se huele además de contemplarse.Floraciones singulares y botánica silvestre
El recorrido incluye propuestas menos masivas pero de gran interés natural, como la floración de ericas en Trevinca, o la del endrino en la zona navarra del pacharán, donde la botánica conecta directamente con la tradición licorera.Cuando el paisaje madura: el color agrícolaTras la floración llega el fruto, y con él nuevos paisajes.

En La Vera y otras comarcas extremeñas, los campos de pimiento para pimentón y los secaderos tradicionales construyen escenas de gran potencia visual y etnográfica. No es floración, pero sí ciclo cromático del territorio productivo.
El otoño: cuando el viaje se vuelve fuego:
El verdadero salto cualitativo del turismo estacional llega al incorporar el otoño como capítulo final del recorrido. Entonces el verde desaparece y el paisaje se incendia en tonos cálidos.
Los castañedos de Castilla y del noroeste peninsular —Zamora, León, El Bierzo, Sanabria— ofrecen bosques donde el suelo se cubre de cobre y oro. Son territorios de senderismo lento, de gastronomía micológica, de pueblos que huelen a humo y a cocina de temporada.
A ello se suma el gran espectáculo de los viñedos otoñales. Regiones como La Rioja, Ribera del Duero, Priorat, Penedès, Somontano o la Ribeira Sacra transforman sus laderas en mosaicos rojos, púrpuras y ámbar. El enoturismo encuentra aquí su momento más fotogénico: vendimia, bodegas abiertas, rutas entre cepas y catas ligadas al paisaje.
Viajar siguiendo el pulso natural
Esta nueva lectura turística propone algo más profundo que una sucesión de lugares: invita a viajar siguiendo el pulso de la tierra. No es turismo de evento, sino de ciclo. Obliga a mirar el calendario, a respetar los tiempos agrícolas y a entender que cada destino tiene su momento exacto.
España, recorrida así, deja de ser solo un mapa de ciudades y monumentos para convertirse en un organismo vivo que florece, madura y arde en color cada año.
Con este nuevo miembro, España en floración fortalece su identidad como una red viva, colaborativa y en constante crecimiento, mostrando un fiel compromiso con el turismo sostenible y la generación de oportunidades económicas para destinos rurales.





























